Ejercicios Espirituales

Ejercicios Espirituales Personalizados 5 días

Fecha: Mayo 16 al 21
Lugar: Casa Villa Trichet/Choachí (Vía Bogotá-antes de llegar a Choachí)
Salida: 6.30pm. Casa de la Juventud. Carrera 17A # 37 - 41, Teusaquillo, Bogotá.
Regreso: Casa de la Juventud aprox 5pm.
Inversión: $550.000


Incluye todos los gastos; cubre transporte hasta la casa en Choachí
Para reservas y más información comunicarse al correo bogota@cvxcol.org o a los teléfonos 3002162757, 3214402400 o en la página web http://www.cvxcol.org/ejerciciosespirituales

¿Qué son los Ejercicios Espirituales?

P. Gerardo Remolina, S.J. Ver nota completa

Los Ejercicios Espirituales son una serie de actividades. Es decir, implican que
quien acepta entrar en ellos esté también dispuesto a hacerlos, a ejercitarse!
Todo ejercicio implica esfuerzo: romper la inercia de los modos ordinarios de vivir;
salir de la pasividad del oír, del ver, del comportarse simplemente como un
espectador. Exigen entrar a ser actores: subir al escenario y actuar, bajar al
campo de deporte y jugar, entrar en la palestra del espíritu y luchar.
Nadie adquirirá una mejor figura ni bajará de peso con sólo oír al instructor de
aeróbicos; nadie aprenderá a nadar o conducir automóvil leyendo un método o un
manual. Es preciso bajar a la pista, sumergirse en la piscina, poner en marcha el
automóvil y… actuar!
Los Ejercicios Espirituales son una actividad del espíritu. Del espíritu del hombre,
en primer lugar. Son “todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de
contemplar, de orar vocal y mentalmente, y de otras operaciones espirituales”
[EE.1]. Por ello es necesario disponer nuestro espíritu para trabajar, para
encontrarnos con nosotros mismos en total sinceridad y honestidad; para
dialogar con nuestro propio yo y, sobre todo, para dialogar con Dios.
Son, en segundo lugar, una actividad del Espíritu de Dios en nosotros. Hacer
ejercicios espirituales es someterse, de manera especial, a la acción suya en el
fondo de nuestro corazón. Es estar atentos a sus mociones, a sus llamados, a sus
impulsos. Y esto es lo más importante de todo. “¿No sabéis que sois santuario de
Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” (1 Cor. 3,16). Pero la
inhabitación del Espíritu no es pasiva… es actuante, viva! Es dejar “que el mismo
Criador y Señor se comunique al alma devota abrazándola en su amor y alabanza,
y disponiéndola por la vía que mejor podrá servirle en adelante”. [EE.15]. Es dejar
“obrar inmediatamente al Criador con la criatura, y a la criatura con su Criador y
Señor”. [EE.15]. Ejercitarse es, en último término, unir nuestra oración a la oración
del Espíritu que “ora en nosotros con gemidos inenarrables”. (Romanos 8,26).

¿Para qué son los Ejercicios?

Ejercitarse en el Espíritu es hacerse dóciles a Él. Es dejarse moldear, como el
jarro en manos del alfarero. Es ponerse en sus manos para que Él haga de
nosotros lo que quiera.
Los Ejercicios Espirituales son “para vencerse a sí mismo y ordenar su vida, sin
determinarse por ninguna afección que sea desordenada”. [EE.21]. Son “para
preparar y disponer el alma, para quitar de sí todas las afecciones desordenadas,
y después de haberlas quitado para buscar y hallar la voluntad divina en la
disposición de su vida para la salud de su alma” [EE.1].

- Ordenar la vida
Ordenar significa organizar algo, es decir, constituir un organismo de acuerdo con
determinados patrones, principios o valores, dándole a cada elemento el lugar que
le corresponde. En los Ejercicios se trata de ordenar la vida teniendo como
principio y patrón la Palabra de Dios, encarnada en Jesucristo. Por ello se trata de
escuchar, meditar, contemplar y asimilar esta Palabra.

- Vencerse a sí mismo – Las afecciones desordenadas
La vida, para el creyente, comporta al menos tres elementos principales que es
necesario organizar asignándoles el justo lugar que les corresponde: Dios, el
hombre (yo y los demás) y el mundo (natural y social).
Porque el yo (mi yo) tiende a constituirse en el centro, en el patrón, y a ubicar a
todo lo demás en función suya, haciendo que todo gire alrededor de sí, es
necesario “vencerse a sí mismo”, dominar el propio Yo que se rige por afectos,
más que por principios.

- Buscar y hallar la voluntad divina
La voluntad de Dios sobre cada uno de nosotros se constituye a partir de nuestra
fidelidad y generosidad para responder a los impulsos del Espíritu.

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