Celebración Día mundial de la CVX en Colombia

El 25 de marzo, en diversas ciudades del país se llevo a cabo la celebración del día mundial de la CVX. José Roberto Arango S.J., nuestro asistente eclesiástico nacional, nos comparte las siguiente reflexión; Los invitamos a que la lean esperando que les pueda servir como material de oración.

Bogotá, 25 de marzo de 2012

Queridos hermanos y hermanas de la Comunidad Nacional de Vida Cristiana de
Colombia:

Que la paz de Cristo y su misericordia irrevocable siempre los acompañe a todos en sus
trabajos y compromisos.

Hoy toda nuestra comunidad mundial se une para festejar su día. Lo hacemos el día de
la Anunciación del Señor, que este año coincide con el 5º domingo de Cuaresma. Esta
coincidencia imprime un sentido profundo a nuestra fiesta.

Celebrar nuestro día es motivo de alegría y acción de gracias. Reconocemos el llamado
que todos hemos experimentado a servir a Dios y al prójimo en el camino de
seguimiento de Cristo concretado en este estilo y carisma CVX de asumir la vida
cotidiana. Como llamado experimentamos el gran amor que Dios ha tenido con nosotros
al darnos la oportunidad de ordenar nuestra vida de hombres y mujeres entregándonos
generosamente, como testimonio del resucitado, en aquello que nos ocupa diariamente,
iluminando la vida con la oración por la que nos abrimos dócilmente a la acción del
espíritu, y comprometiéndonos con ella con un sentido claramente apostólico. Por tanto,
es amor de Dios y compromiso nuestro a ser hombres y mujeres renovados, testigos de
aquel que es el camino, la verdad y la vida. Gracia y misión al mismo tiempo.

La fiesta de la Anunciación nos ayuda a entendernos a nosotros mismos como nos pide
San Ignacio en el coloquio de la contemplación de la encarnación, precisamente al final
de la contemplación de la escena de la Anunciación: somos seguidores del Señor
Nuestro, «así nuevamente encarnado», en cada uno de nosotros (Cfr E.E., 109). Nuestra
existencia reviste entonces un carácter trascendental y debemos tomarla en nuestras
manos con total responsabilidad. Y la vía más adecuada es la actitud de nuestra Señora:
«he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). María se
coloca en el tercer binario y en la tercera forma de humildad o amor: identificación con
la Palabra del Señor.

La cuaresma nos coloca en este día en una actitud de conversión, como respuesta de fe a
tanto amor y misericordia de Dios con nosotros que nunca nos deja abandonados. Esta
actitud se ha mostrado con total certeza y vehemencia en Cristo, quien murió por
nosotros cuando aún éramos pecadores, como dice Pablo. Sólo ese inmenso amor tiene
la fuerza para convertirnos, para producir en nosotros mayor fidelidad a lo que Dios va
haciendo con nosotros como comunidades locales, regionales, nacionales y como
comunidad mundial. Puestos delante de esa inmensa misericordia echa grito amoroso en

el crucificado, nos preguntamos hoy cómo va nuestro camino y le expresamos a Dios
Nuestro Señor nuestro inmenso deseo de serle fieles como personas y como comunidad.

Con esta actitud de gratitud comprometida, que busca siempre la mejor respuesta, las
palabras del P. Adolfo Nicolás, s.j. en su alocución en la asamblea general de CVX en
Fátima 2008, nos pueden ayudar para pensarnos en concreto en este momento de la
comunidad nacional. Su alocución se titula: “Notas para una comunidad profética Laical
guiada por el Espíritu”, a la que invito a volver en su totalidad, pues toda ella es
realmente inspiradora. Aquí sólo hago alusión a algunos aspectos.

Nuestro Asistente Eclesiástico Mundial retoma con insistencia la conciencia de la CVX
manifestada en Nairobi en donde se confirmó “nuestra vocación de hacernos un cuerpo
apostólico seglar que comparte la responsabilidad de la misión de la Iglesia”. Esta
vocación misionera en la Iglesia es precisada por el P. Nicolás como una vocación
profética. “Este es tiempo para comunidades proféticas”. “Hoy la gente quiere ‘ver’ lo
que ‘oye’. Quiere ver ‘palabras vivas’… Por eso hay en la actualidad tanto interés en el
testimonio viviente de un laicado comprometido, parejas que han transformado años de
dificultades, diferencias y conflictos en testimonios de un amor mayor, fidelidad
cristiana y esperanza creativa”.

Para poder ser verdaderamente comunidades proféticas, el P. Nicolás muestra a Ignacio
como el maestro que necesitamos en este tiempo. El ser profetas hoy, en cristiano, es ser
testigos de Cristo, «pues el testimonio de Jesús es el Espíritu de Profecía» (Ap. 19,10).
Por ello la condición de posibilidad de comunidades proféticas es la real experiencia de
Dios, sin la cual nuestro testimonio no tiene sentido y será vacío. Juan lo afirmaba
claramente: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto
con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos,
acerca del Verbo de vida 2 (pues la vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y
damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos
manifestó); 3 lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que
también vosotros tengáis comunión con nosotros» (1Jn 1, 1-3). Los ejercicios
espirituales son el método apropiado para poder afirmar también nosotros lo mismo que
Juan. Por ello los invito a todos a realizar con frecuencia esta experiencia, a alimentarla
diariamente con la oración y el examen para encontrarse con el Dios vivo
continuamente y poder vivir «hallando a Dios en todas las cosas».

Ser comunidad profética al estivo CVX implica que todos estamos invitados a tener
‘ojos para ver’, a oír lo que el Señor oye decir a los pobres y a los que sufren, a ‘sentir’
la pena y el sufrimiento de otros, a buscar, discernir y servirse de manos y pies para la
acción, el servicio y la compasión. Esta encarnación profética exige de nosotros
constante formación, sobre la cual afirma el P. Nicolás que debe ser la mayor prioridad.

En fin, esta fiesta mundial en este contexto litúrgico nos lleva a agradecer tanto amor de
Dios por nosotros y a preguntarnos por nuestra fidelidad a esta vocación concretada en
las palabras del P. Nicolás y hecha aún más específica en nuestra comunidad nacional en
la asamblea nacional pasada. Experiencia de Dios renovada diariamente, formación
continua, apostolado: estos tres aspectos forman una unidad indisoluble para una mayor
eficacia en nuestra misión.

Que Nuestra Señora del Camino siga con nosotros al caminar, poniéndonos con su Hijo
en la entrega cotidiana y en nuestros procesos de ser mejores servidores de la misión de
Cristo.

Fraternalmente,

José Roberto Arango, S.J.
Asistente Eclesiástico Nacional
CVX - Colombia

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